Bienvenidos a este bazar cultural, a esta mezcla desfachatada e irreverente que no vacila a la hora de reunir opiniones, sueños, poemas, ideas y polenta con pajaritos. Entre otras misceláneas, en "La culpa no es del chancho" encontrará usted información básica sobre música, literatura, deportes y artes varios.

lunes, 31 de enero de 2011

ILÊ AIYÊ - 37 años luchando por la identidad


Liberdade es un barrio populoso más de Salvador. Tiene la particularidad de haber sido rotulado como el barrio de mayor población negra de la ciudad, pero sinceramente yo no he notado una diferencia sustancial entre éste y otros asentamientos. Como sea, tiene sentido que en Liberdade, sobre la Rua do Curuzu, y como resultado de la necesidad de generar un espacio de identidad, haya nacido hace ya 37 años el bloco afro ILÊ AIYÊ. Porque si bien los negros son mayoría en Salvador y en otras ciudades brasileras, aún sienten el estigma y la discriminación sistemática que dictan las metrópolis financieras y elitistas del país.


El movimiento ILÊ AIYÊ fue fundado el 1 de noviembre de 1974, estableciéndose como el primer bloco musical de carnaval que identifica, preserva, valoriza y expande la cultura afrobrasilera en Brasil y en el mundo. Su creación y participación en el carnaval bahiano significó una verdadera revolución musical, ya que comenzaron a difundir ritmos de tradición africana a fines de que el pueblo reconozca su propia identidad, peculiarmente bahiana y necesariamente de raiz negra.


Hoy ILÊ AIYÊ es un movimiento mundialmente reconocido y sostiene, además del bloco carnavalesco, proyectos culturales, educacionales y de inclusión social. En el terreno plástico-musical se ha convertido en uno de los pesos más fuertes del carnaval bahiano, privilegio que nadie le ha regalado y que sólo ha podido construir con esfuerzo y con convicción por la preservación de la identidad negra. Y si en pleno 2011 todavía se hace difícil luchar por ciertas reivindicaciones, imaginen lo que habrá sido desarrollar el proyecto en medio de una década violenta, la del 70, donde el terror de estado vigilaba, reprimía y asesinaba en Brasil y en toda latinoamérica a cualquier manifestación cultural o política distinta a los padrones establecidos.


Además de la militancia política que ILÊ AIYÊ ha transitado siempre a partir de su lucha cultural y social, en términos netamente musicales el bloco fue un caldo de cultivo para la creación de futuras asociaciones carnavalescas baianas. Por sus filas pasaron mestres como Neguinho do Samba, Prego, Ninha, Ademir, Carlinhos Brown, que actualmente desempeña una carrera solista y muchas otras figuras más, fundamentales en el desarrollo musical del samba reggae y los ritmos afrobrasileros que hoy se tocan y se bailan en el carnaval de Salvador de Bahía.


domingo, 9 de enero de 2011

De lluvias, panchos, asados y gentilicios

Uno de esos tantos dichos mundanos que la gente repite sin saber, asegura -sin lugar a discusión- que "se casa una vieja" cuando llueve y hay sol al mismo tiempo. En Salvador ya no deben quedar viejas solteras, porque el fenómeno meteorológico acontece casi todos los días. Clima tropical que le dicen, vio?
Acá la lluvia viene con sol, las cucarachas son la mitad más uno y la oferta en frutas es casi tan grande como la oferta en putas. Pero a no entusiasmarse. Hay alegrías y alegrías, mucho vino malicioso y poco vino del mejor, según reza un proverbio ricotero. Así que no es cuestión de entregarse a los placeres baratos -y no tanto- que se promueven por estos chacos. Eso sí, el dogão o cachorro-quente, como sabiamente nomenclan al pancho en el nordeste brasilero, viene zarpado. La salchicha se cocina en una especie de salsa pomarola picantona, y si le pedís al puestero que no escatime en fantasía le va a poner salsa de queijo, cuadraditos de tomate y cebolla, mostaza, farofa, choclo, arvejas, papitas pai y ketchup picante. A eso le llamo yo un verdadero escándalo de sabores. Y será que me gusta el quilombo, porque festejo cada vez que veo un puesto ambulante.
Asado ni por casualidad. Es que acá la gente no es muy leída, vio? Es raro ver a un bahiano con un libro bajo el brazo, salvo que ese libro sea el fantástico best seller que cuenta la vida de jebús en sus distintas versiones evangélicas. Qué tiene que ver esto con el asado? Que no se ha generado entre los soteropolitanos la conducta sistemática de lectura ni siquiera del journal matutino. Y sin papel prensa, las probabilidades de encender un fueguito son prácticamente nulas. Cierto. La carne es mala. Debe ser esa la razón fundamental de los domingos sin achuras. Y me quedé pensando en la palabra "soteropolitano". Pavada de gentilicio le adjudicaron al pueblo oriundo de Salvador. Pero esos no eran los bahianos?- se preguntarán ustedes. No, brutos. Es bahiano todo aquel que es originario del estado de Bahía, pero si tuvo usted la suerte de nacer específicamente en la ciudad de Salvador será llamado, además, soteropolitano. Hago estas aclaraciones porque me indigna la ignorancia gentilicia. Misma cosa ocurre con los cariocas, adjetivo utilizado erróneamente para denomirar a quienes nacieron en el estado de Río de Janeiro. Se es carioca si uno vive en Río de Janeiro capital, pero si es oriundo de cualquier otra parte del estado el gentilicio correcto será, entonces, fluminense. Dicho sea de paso, el Fluminense Football Club se coronó campeón del último Brasileirao y usted no fue capaz de levantar una copa en su gracia y salud. Qué feo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Un ángulo entre el sol y la luna

Hay un sitio hermoso en Salvador, más acá de los portones de Carmo, viniendo desde la plaza de Santo Antonio.
Si por la tarde encontrás a un conocido en la puerta del boliche de Josué (y seguramente así será porque esa es la magia mayor que regalan estos barrios) pará un segundo y elegí la excusa que más te guste para convidarlo con una cerveza o dos. En la veredita angosta, entre mesas de plástico y coches estacionados, hay algunos ángulos que te permiten, a través de las ventanas, ver al sol poniéndose en la Bahía. Eso es a la izquierda, como si uno girase sobre su propio hombro y mirase al mostrador. Y al mismo tiempo que el sol está hinchado y naranja, sin moverse de lugar pero mirando en dirección al fuerte de Santo Antonio, vas a poder ver (en lo alto) a la luna. Para ese momento del ocaso, ella le habrá ganado ya a los techos y las torres y se asomará, generosa, para que todos la veamos.
Y qué suerte la tuya si justo visitaste el lugar en un día de luna llena! La rúa Direita do Santo Antonio estará tan iluminada que si el bar apagara sus luces, todas las personas que bajan despacito, conversando, igual se reflejarían.
En la rúa Direita la tarde ya es noche, o está por serlo en momentos nomás. Y desde el vértice de este ángulo la gente que bromea, el sol que se despide, los adoquines deformes de la calle y la luna redondísima forman el paisaje más lindo que este barrio te puede regalar un domingo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Cidade Baixa: una de sus mil historias posibles




Los ojos de Mariana eran marrones, hermosos y convicentes. Bastó un pestaneo oportuno para que Edison, recien llegado de São Paulo, se entregue entero a los deseos de la negra, que si no era la figuración en huesos y carne de Nanã Buruku, al menos se le parecía bastante.
Era martes (el día favorito de la amante de Oxalá) y Edison realmente creyó que había sido su encanto metropolitano el que atrajo a la prieta y los condujo por asfaltos y adoquines serpenteantes hasta ese hueco sucio y de luz muerta, esos cuatro metros cuadrados de catre, sabanas, pulgas y paredes sin revocar.
Cogieron. Se mezclaron apasionadamente hasta que sus cuerpos se volvieron una masa única y pegajosa, se penetraron violentamente al principio y con cierta dulzura después, y finalmente limpiaron sus vergüenzas bajo la lluvia discreta de la ducha del hotel.
Qué regalo inolvidable! Cuánta felicidad para Edison! Y qué pronto se esfumó el ensueño cuando, después de saludarla a lo lejos, descansó sus manos en los bolsillos y notó enseguida que brillaban por su ausencia los billetes enrrollados que guardaba para el almurzo.
Nanã Buruku, amante de Oxalá y (ocasinalmente) Mariana, puta de ojos hermosos, desaparecía a medida que se iba inclinando el empedrado. Se llevaba con ella no más dinero del que vale una moqueca. Y se llevaba también la ilusión entera de un aventurero ingenuo recién llegado a la bahía.

sábado, 11 de diciembre de 2010

El lado oscuro de la Bahía

Sírvase hacer click en el reproductor para amenizar la lectura.
El tema "Canción para un niño en la calle" fue grabado por la cantante argentina Mercedes Sosa junto a la agrupación portoriqueña Calle 13 en marzo del año 2009. Pertence al disco "Cantora Vol. 2".

Salvador de la Bahía de Todos los Santos, como cualquier ciudad grande, tiene serios problemas de exclusión y miseria. Lamentablemente hay mucha violencia en la calle, que se ve diariamente, como sucede en las grandes capitales de los países subdesarrollados. Pero a diferencia de estas grandes metrópolis, donde el pobre, y sobre todo el pobre descerebrado, es invisible para cualquier ciudadano que no padece la marginalidad, en Salvador uno convive las 24 horas con los que tienen poco o no tienen nada. Los meninos da rúa (los pibes de la calle) son muchos. Incontables. Descalzos, sucios, quemados por el sol y por el cracke (la versión bahiana del paco o pasta base de cocaina) pueden ser amables o violentos, pero siempre te piden una moneda. Me hice amigo de uno, Rodrigo, que en general me abraza genuinamente desde el día que le pregunté cómo se llamaba y lo invité a comer un pancho, pero que muchas otras veces pasa al lado mío con los ojos brillosos y desorbitados, con olor a pegamento industrial, y ni me reconoce cuando lo saludo. Triste. 
Es imposible separar la hermosura de la ciudad de su pobreza y de sus carencias; pero si uno no paranoiquea y aprende ciertas cuestiones sobre cómo manejarse, se puede salir tranquilo. El día que llegué me corrieron media cuadra con una faca por meterme donde no debía y otras tres veces me quisieron asaltar, y aunque no me lo crean, hoy saludo con un apretón de manos cada vez que me cruzo a uno de los locos que me quiso chorear. Es raro, pero es así. Pero la batalla no es sólo contra los gringos. El pueblo se pelea también con el que no tiene nada. Desde la ventana de la posada en que trabajo (precisamente en las horas mas peligrosas) he alquilado un palco preferencial para ver los robos y las peleas de pobres contra pobres. Hasta tuve la desgracia de ver a uno que la quedó para siempre en plena Praça da Sé (una de las plazas centrales) después de una discusión por un problema de polleras, según me dijo un heladero que aprovechó la curiosidad morbosa del gentío para vender. 
Es duro, pero no culpe a los meninos da rúa, a los ladrones y a los mendigos de las miserias que las políticas neoliberales latinoamericanas le regalaron a Bahía. Si va a visitar este hermoso y complejo enjambre sociocultural, no salga con demasiado dinero en el bolsillo, no ostente su eventual suerte económica almorzando o cenando en restaurantes caros, no ande sacando fotos por todos lados, en fin, no consuma casi nada de lo que la ciudad le ofrece al gringo promedio. Al contrario, charle con los vendedores ambulantes, con los que levantan quiniela, con los comerciantes, los peluqueros y las putas. Interésese más por el pueblo bahiano que por sus atracciones turísticas. Descubrirá entonces que Bahía le gusta más.  En el centro histórico de Salvador, en sus barrios obreros, en las playas y en los morros todo pasa al mismo tiempo, todo se amontona, todo se mezcla y fabrica minuto a minuto a la vertiginosa ciudad de Salvador de la Bahía de Todos los Santos.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Los trombones de Efraín

En una edición de su programa de radio de 1998, Tite Curet Alonso afirmaba que “no existe en Puerto Rico un pueblo más plenero que Mayagüez.”. Decía que “cuando allí tocan plena entonces baila todo el mundo: blancos, negros, indios y mulatos; es pasmoso el interés que tienen los mayagüezanos por la preservación de esa música que le da a Puerto Rico estatura y posición internacional en lo que se refiere al aporte de la música caribeña.” Es admirable que esta militancia folklórica por parte de los habitantes de Mayagüez se deba en gran parte al trabajo y al esfuerzo de uno de los mayores embajadores de la música popular afroantillana: Efraín Rivera Castillo, popularmente conocido como Mon Rivera.

En la década del 50 Mon se fue a vivir a Nueva York y se llevó con él toda su esencia boricua. Junto a otros músicos como Moncho Leña, Héctor Pellot y Joe Cotto se desarrolló como cantante e implantó una propuesta musical particular, que incluía secciones de trombones para arreglar las bases rítmicas de su repertorio. Así reinventó muchos de aquellos ritmos caribeños (bomba, plena, son y merengue) y sentó las bases para que el trombón se convierta en una figura imprescindible dentro de la música popular latina. Al Santiago, músico arreglista del sello Alegre, desarrolló luego el concepto de trombanga y produjo simultáneamente para Eddie Palmieri (otro groso) y para Mon Rivera los primeros LPs que incluían secciones de varios trombones. Tiempo después, trombonistas salseros consagrados como Jimmy Bosch o Willie Colón desarrollaron su musicalidad a partir de este criterio. Palmieri, más abocado a la sonoridad urbana de la pachanga, el bogaloo y el jazz latino, contagió para todos lados con este nuevo sonido de bases tromboneras; Mon Rivera en cambio no exploró tan abiertamente el campo infinito de géneros que aglutinan a la salsa y prevalecieron en sus discos el son, la plena, la bomba y el merengue, ritmos que ya venía tocando desde la época de Los Ases del Ritmo, cuando todavía no había emigrado para Nueva York. Quizás hubiera sido otro el cantar para Efraín sin la apuesta de Al Santiago, quien además incluyó a Charlie Palmieri al piano y a los trombonistas de su propia banda para la producción del disco. La idea fue exitosa y Rivera alcanzó mucho más renombre. Después desapareció un tiempo porque le pintó el escabio y la falopa y tuvo que superar algunos problemas de salud. Y cuando parecía que ya no iba a grabar más, en 1975 Willie Colón se dio el gusto de producir y grabar junto a él un nuevo disco (Se chavó el vecindario/ There goes the Neighborhood) que volvió a poner sobre la mesa su talento y su musicalidad singular. En 1978, un paro cardíaco se lo llevó para siempre y desde entonces lo lloran Mayagüez y todo Puerto Rico, a pesar de que su obra está bastante subestimada a nivel latinoamericano.

Vaya entonces mi homenaje, porque creo que el aporte de Mon Rivera para la música latina es de antología, tanto por su forma única e inconfundible para cantar como por su inteligencia para combinar los géneros folklóricos afrocaribeños entre sí. Fue además un talentoso con el güiro y con su concepción sobre la sonoridad de los trombones (en descargas o moñas y en mambos en contrapuntos o a dos melodías) demostró su visión de vanguardia musical. Un verdadero genio.
Comparto a continuación un tema del disco “Que gente averigüa” de 1963, reeditado luego bajo el nombre “Mon y sus Trombones”.


La canción se llama “Cómo está Pita” y la elegí porque tiene que ver con esa otra pasión que podría haberle dado de comer a Efraín si hubiera decidido hacer carrera con ella: el béisbol. Antes de dedicarse de lleno a la música, Mon jugó un par de añitos en la liga profesional de Puerto Rico, primero para “Las Mesas” y tiempo después para “Los Indios”, ambos equipos de la ciudad de Mayagüez. Y según comenta Roberto Mercado en un artículo sobre el béisbol y la música latina, Rivera pintaba para crack (incluso logró establecer un record para la Liga conectando seis dobles en forma consecutiva en los primeros seis turnos). Y Víctor Hugo podría haberlo relatado; barrilete cósmico, de qué planeta viniste, genio del béisbol mundial. Pero no. Finalmente rumbeó para la música y nos alegró el corazón a todos los que de béisbol profesional no entendemos absolutamente nada.

Nota: Les dejo la bibliografía con la cual armé este artículo por si desean saber más de la vida y obra de Efraín Mon Rivera Castillo:

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Negros, indios y usurpadores: con el sabor de la cumbia…

Un día, unos tipos que venían del otro lado del océano atlántico se chocaron, de carambola, con tierras americanas. Y no la podían creer: en esos pagos los recursos naturales parecían ilimitados, la flora y la fauna eran vastas y exóticas, y además, estaba lleno de cosos que hablaban en idiomas extraños y hasta parecían humanos.


El miedo a lo distinto fue tan genuino que no se lo bancaron y enseguida intentaron domesticar a esta especie, como antes hicieron con las ovejas, los perros o los gatos. Además, resultó que estos hombrecitos brutos y sucios tenían riquezas incontables y conocimientos avanzadísimos. Por eso, los hombres de otro lado del océano quisieron dominarlos. Para ello utilizaron las herramientas clásicas de sometimiento que tanto éxito le habían dado en otras latitudes: la violencia y la religión. Y todo funcionó bastante bien, hasta que se fueron de mambo y mataron a casi todos. Pasaron los siglos y, como todavía había un montón de recursos para robar, mandaron a traer hombrecitos brutos y sucios de otras tierras, igual de exóticas e igual de extrañas. Los arrancaron del África para obligarlos a extraer minerales y cortar caña de azúcar en América.

Con este choque involuntario los habitantes originarios y los negros esclavos se mezclaron. Y así, en un proceso de mestizaje eterno, se fundieron artes y tradiciones.

Fue en este contexto de culturas mixturadas que nació –en lo que mucho tiempo después llamaríamos Panamá y Colombia- la famosa cumbia. Fueron los tambores de los negros y las melodías flauteras con gaitas y cañas de millo de los habitantes originarios quienes le dieron vida a este ritmo y, desde entonces, muchas otras regiones latinoamericanas lo han asimilado con ganas. Europa aportó el tradicional ropaje, el maquillaje, toda esa cuestión de las flores ornamentales y algo de la poética para los textos.

A cumbia huelen los términos afroamericanos cumbancha (fiesta, jolgorio), cumbe (danza) o caracumbe (baile, coreografía) y de ella se desprenden los subgéneros infinitos: cumbión, cumbiamba, cumbia vallenata, lambada, y las adaptaciones que cada país latinoamericano ha hecho del género. Porque la cumbia mexicana está lejos de parecerse a la cumbia villera argentina pero, en el fondo, ambas son hermanas. Lo mismo pasa con la peruana y la que se toca y se baila en El Salvador. Tienen distinta instrumentación y coreografías diferentes, pero en algún punto se conectan y ninguna hubiera sido posible sin la fusión cultural de los negros, los habitantes originarios y los europeos que se asentaron en el sur de Panamá y Colombia en la época de la colonia.

Duelen un poco los huesos y las conciencias cuando nos detenemos a pensar en el origen histórico y cultural de nuestros ritmos. Pero eso no quita que podamos levantar los brazos y sonreír genuinamente cada vez que un acordeón machaca acordes fiesteros o los timbales golpean rabiosos. Qué lindo cuando todo es con el sabor de una cumbia.

lunes, 9 de agosto de 2010

La mano en la rueda...

"Algunos creen que somos brasileros" - se ríe Sebastián Luna para cerrar un comentario sobre el repertorio que Mao na roda está por encarar en minutos nomás. Es un chiste, una forma amena de saludar, de entablar diálogo confianzudo con los presentes, pero si alguno llega tarde al show y los agarra a la mitad de un tema, puede pensar que es verdad. Porque el grupo se mete verticalmente en el fantástico mundo del choro y enseguida te obliga a marcar el ritmo, a generar movimientos con el cuerpo y, sobre todo, a sonreir. Y si cerrás los ojos y te olvidás del salón en el que estás, no es tan abzurdo imaginarse en tierras cariocas.

                                                          Foto: Nacho Uranga
Mao na roda te compra enseguida. La alternancia de solos entre el cavaquinho y la mandolina de Sebastián Luna, el brillo dulce de flautas y piccolos a cargo de Anabel Bertoni, la solvencia que despunta Ernesto Frigerio con su pandeiro y el timing mágico que Seba Pérez arranca desde las siete cuerdas de su guitarra, terminan convenciéndote. Y si a eso le sumamos el desfile de exelentes músicos invitados, ir a ver a Mao na roda en vivo se convierte en un plan más que sugerente.
                                                               Foto: Nacho Uranga
Este proyecto musical, que nació en 2007 bajo el nombre "Os Pibes Choros" reivindica en Argentina a gigantes de este género brasilero como Pixinguinha, Ernesto Julio Nazareth, Paulinho da Viola o Jacob do Bandolim, pero no se conforma únicamente con eso y se ha largado también a componer temas propios y a versionar otras músicas bajo los parámetros generales del choro.

La búsqueda, la elección y los arreglos del repertorio finalmente pueden verse reflejados en "MAO NA RODA Choro brasilero" su primer disco, grabado entre 2008 y 2010 en el Estudio "El Yeite". Para escuchar una y mil veces, el disco regala doce canciones en ritmos de choro, choro sambado, frevo, maxixe, valsa y tango brasilero.

En su sitio web  (http://www.myspace.com/maonarodachoro encontrarán temas para escuchar online y  saber más de la historia del grupo. Y si pueden, vayan a verlo en vivo porque no tiene desperdicio.

martes, 3 de agosto de 2010

Música para cortar cebollas

Sucede que me encontraba en plena elaboración del relleno para un suculento pastel de papas y de pronto llegó el momento inevitable de ponerme a cortar cebollas. Como un guiño cómplice, como si supiera que los diez minutos venideros serían duros, el reproductor de música que siempre me acompaña cuando estoy en casa disparó sabiamente y de modo aleatorio ese disco que Mintcho Garrammone sacó en año 2005 junto a “Los nuevos cariocas”.

Tan sólo bastó la introducción del primer tema del disco (O tijolo de alm) para que mi mueca desagradable se transforme en sonrisa y para que mis hombros empiecen a moverse solitos. Me dije para mí mismo que el choro es definitivamente “música para cortar cebollas”. Así que aquí estoy, recomendándoles este disco que fusiona muy sabiamente el choro brasilero con otras músicas rioplatenses. Espero que les guste.

Aclaración: Aunque hago un pastel de papas increíble, soy un negado total para ciertos menesteres informáticos y es por eso que, una vez más, he apelado al robo impune del link de descarga de este disco. Pertenece al blog “Ao Passarinho”, sitio de consulta musical obligatorio para los que gustan de este arte.

Lista de temas:

01. O tijolo de alm
02. Yorugua
03. Choronga
04. Matutando
05. Fantasia e realidade
06. Maxixando
07. Chorumbia
08. Sorvete de feijao
09. Choro negro
10. 3 a 1
11. Receita de samba
12. O nombre
13. Naguela tengo
14. Sentido

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viernes, 30 de julio de 2010

Virtudes gastronómicas del Paraguay

Siempre admiré la sapiencia histórica de los obreros paraguayos para improvisar asados de falda en el cordón de la vereda, la tenacidad guaraní dentro de los campos de fútbol y la belleza inigualable de las muchachas del Chaco Boreal.
Sin embargo, si algo ha elevado hasta lo más alto mi sentimiento de amor por el Paraguay, esto ha sido, sin dudas, la capacidad brillante y vanguardista de este pueblo para inventar la única sopa sólida de todo el universo. Y no es poco.

La sopa paraguaya, poco tiene que ver con los famosos caldos de cocción, fríos o calientes, que se sirven en las distintas mesas del mundo. Se trata más bien de una torta esponjosa y salada, rica en calorías y proteínas, compuesta a base de harina de maíz. Ahí va la receta…


INGREDIENTES: 3 cebollas bien grandes, 1 cucharada de sal gruesa, grasa de cerdo, cinco huevos, queso duro rallado grueso (150 g.), queso semiduro rallado grueso (250 g.), queso cremoso (300 g.), harina de maíz (300 g.), 1 taza de leche cuajada o natural, nata de leche.

PREPARACIÓN: Se corta finamente la cebolla y se la hierve con agua y sal durante 10 minutos, en un recipiente tapado. Se deja enfriar. Luego se bate la grasa (si no hay grasa puede ser un poco de aceite) y se agregan los huevos, de a uno, continuándose el batido. Luego se añade el queso desmenuzado.
A esa pasta se le incorpora la cebolla con el agua en la cual hirvió y poco a poco, muy lentamente, la harina de maíz, alternando con la leche y la nata. Se mezcla todo con suavidad y se coloca la pasta obtenida en una asadera engrasada para luego cocinar a horno caliente (a 200 ° C) durante una hora aproximadamente.

Nota: Es más difícil de bajar que un alfajorcito de maicena, así que procuren tener a mano alguna bebida. La receta fue extraída de wikipedia y modificada en parte por la mamá de un amigo, así que cualquier objeción a llorarle a ella.

lunes, 12 de julio de 2010

Siempre puede ser peor...

Caos. Los redactores de los suplementos deportivos de todos los diarios del mundo están -¿cómo no estarlo?- estupefactos. Varios han pedido la renuncia y otros tantos hacen rebotar su cabeza contra los sendos escritorios de la redacción.
¿Cómo ha sucedido tamaño acontecimiento? ¿Cómo no impidió la FIFA (mientras tuvo la oportunidad de hacerlo) que el evento se haya desarrollado de aquella manera? Porque convengamos que la entidad madre tiene el poder de acomodar figuritas según lo dispongan las grandes corporaciones que lucran con el certamen o según lo justifique el eventual contexto histórico mundial.
Yo comprendo que algunas cosas sean impredecibles. Reconozco que el fútbol –el deporte más lindo del mundo- viene desafiando todas las lógicas de lo posible desde su invención en formato moderno allá por el siglo XIX. Pero lo sucedido el 11 de julio escapó realmente a todo intento surrealista por imaginar lo impensable.
Y dejemos de lado las trágicas consecuencias que trajo aparejadas el suceso, como la desafiliación indeclinable de las asociaciones futbolísticas más importantes o el suicidio en masa de veintitrés uruguayos que (de verdad) no lo podían creer. Concentrémonos en lo esencial. ¿No estamos transitando irremediablemente los sinuosos pasos hacia la desaparición de este deporte? ¿No deberíamos organizarnos para que ciertas cosas no vuelvan a suceder nunca jamás en la historia deportiva mundial?

La definición por penales entre Honduras y Argelia (tres a dos a favor de los centroamericanos, después de noventa minutos chatísimos y un eterno alargue) fue, sin dudas, la peor final en la historia futbolística de todos los tiempos. Tragedias como ésta (para no seguir haciendo leña del árbol caído con el genocidio armenio, con las dictaduras asesinas en Latinoamérica o con los ya tan difundidos campos de concentración de la segunda guerra mundial) deben quedar grabadas en la memoria colectiva de todos los habitantes del planeta para que no vuelvan a repetirse.

jueves, 1 de julio de 2010

Ingenieros VS. el hombre mediocre

En 1877 en algún lugar de Palermo, Italia, y después de tanto pujar y pujar, Mariana Tagliavía expulsó de su cuerpo entre chorros de sangre y pedazos de placenta a Giuseppe Ingegnieri, más conocido en el mundo entero como José Ingenieros.

Como muchos hombres decisivos a la hora de engrandecer la historia de la humanidad, Ingenieros también usaba bigotes. Y si bien no es un detalle determinante, lo traigo a cuenta porque más de un lector debe estar pensando en esos mostachos curvos y puntiagudos que tanto lo han caracterizado.

José Ingenieros fue médico, psiquiatra, psicólogo, farmacéutico, docente, escritor, filósofo y ensayista crítico. Capaz que hasta jugaba bien al fútbol, hacía tremendos asados y no desafinaba ni medio tono al cantar bajo la ducha. Pero nunca lo sabremos porque en general los biógrafos tienen una visión bastante limitada a la hora de plasmar información nutritiva sobre los personajes que investigan.

Lo cierto es que el tipo de bigotes era un fenómeno y escribió un millón de libros, ensayos y artículos. Yo sólo tengo uno, “El hombre mediocre”, que conseguí de carambola, por no decir que me lo robé. Y si bien no afronté aún la decisión de devorarlo completamente como -creo- lo merece, sí espié varios párrafos al azar como para sacarme la curiosidad. Utilizando este método descubrí ciertas ideas con las cuales estoy completamente de acuerdo, incluso antes de haberlas leído en la obra de Ingenieros. A continuación transcribo algunas frases de su prosa crítica, que hacen referencia a las características de aquellos individuos que -conscientes o no- se sumergen en una rutina dogmática que termina convirtiéndolos en mediocres.

“El hombre mediocre no habla nunca; repite siempre. Juzga a los hombres como los oye juzgar. Reverenciará a su más cruel adversario si éste se encumbra; desdeñará de su mejor amigo si nadie lo elogia. Su criterio carece de iniciativas. Sus admiraciones son prudentes. Sus entusiasmos son oficiales”.

“El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado a vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad. Su característica es pensar con cabeza ajena y ser incapaz de formarse ideales propios.”

martes, 13 de abril de 2010

Dúo Coplanacu

La fusión quechua-hispana que da nombre a este dúo refiere, por un lado, a la copla como símbolo del repertorio folklórico que abarca el grupo, y por el otro, a la idea de reciprocidad, encuentro y comunicación que sugiere el sufijo “nacu”.

Con esta idea de encarar un repertorio popular que reivindica a grandes músicos y compositores, el Dúo Coplanacu, junto a distintos artistas invitados -casi estables-, ha registrado en sus (por ahora) ocho producciones discográficas una lista indispensable de tonadas, vidalas, zambas, canciones, coplas, gatos, huaynos, carnavalitos, escondidos y chacareras. Y lo mejor, a mi criterio, es que lo ha hecho en forma autogestionada, trascendiendo sin embargo la línea que ofrecen las productoras musicales.

Roberto Cantos (guitarra y voz) y Julio Paz (bombo, quena y voz) han heredado la impronta, la gracia y el compromiso musical de cualquier paisano con herencia santiagueña y, para colmo, allá por mediados de los años ’80 el destino los reunió en una Córdoba despierta y sedienta después de tantos años de represión física y cultural. En mayo de 1985, entre tanta peña, guitarreada y vino tinto que por entonces reunía a jóvenes, artistas y estudiantes, Julio y Roberto comienzan a presentarse a dúo. En 1991 sacan su primera producción musical y desde entonces se han convertido en referentes de la canción popular.

Comparto con ustedes el disco “Retiro al norte”, grabado en Córdoba en el año 1995 y producido y arreglado por ellos mismos. Participan de esta placa la violinista Andrea Leguizamón como músico estable y Quique Yance como músico invitado en los teclados.












01. La añoradora (Chacarera) O. Valles/ V. Ledesma
02. Rubia Moreno (Zamba) C. Juárez/A. Carabajal
03. La olvidada (Chacarera) A. Yupanqui/ Hnos. Díaz
04. Canción de fuego (Aire de chamamé) R. Cantos
05. La chimpa machu ( Chacarera) Rec. Sixto Palavecino
06. Río, dulce río (Canción) R. Cantos
07. Zamba como las de antes ( Zamba) Ica Novo
08. Retiro al norte (Canción) R. Cantos
09. Escondido de la albanza (Escondido) C. Carabajal
10. Canción de mate cocido (Canción) A.Abonizio
11. Coplas populares (Huayno) Rec. J. W. Ábalos/ R. Cantos
12. Flor de lino (Vals) H. Ésposito/ A. Stamponel
13. Corría, corría, corría (Escondido) L. Dan/ C. Carabajal
14. Canción de lejos (Aire de zamba) A. Tejada Gómez/ C. Isella


NOTA: Como sostengo siempre, Internet funciona como una herramienta increíble para difundir material cultural, y el propósito de compartir este disco es mostrar tamaño trabajo discográfico que han llevado a cabo sus autores. Si les ha gustado, compren los discos originales que es la única forma de ayudar a los artistas (más aún cuando su emprendimiento es autogestionado).

miércoles, 10 de febrero de 2010

Rody Soria: El color del fútbol

El fútbol, como fenómeno masivo, identifica.
Por encima del negocio del balompié, que sólo usufructúa una pequeña minoría empresaria, miles de personas se sienten representadas por colores aleatorios y hacen de esa representación un estilo de vida. Están lejos del circo mediático, de los negociados y de los contratos televisivos. Pero son miles y sin ellos la parte infame y decadente del fútbol no podría sostenerse. Son los hinchas. Los que saben qué es el amor. Los que se han topado más de una vez con el significado lascivo de la palabra sufrimiento. Los que se han mojado varias veces, pero nunca (o en contadas ocasiones) dejaron que la pasión por sus colores se destiña. Al contrario, suelen esgrimirlos, venerarlos, apasionarse incondicionalmente con ellos, recorrer cientos de kilómetros para alentarlos. A veces, cuando sus rutinas sociales son demasiado vacías, esa línea que separa el fanatismo de la locura se vuelve tan borrosa que algunos llegan incluso a matar. No tienen la culpa. O la tienen, en tanto víctimas de un sistema de exclusión social que margina y deseduca cada vez más a los que tienen poco o no tienen nada.

Rody Soria, moviéndose entre los límites oscuros del terreno del fútbol (es decir, entre el sistema dirigencial y el barrabravismo), ha sabido cómo alumbrar artísticamente la llama del fanatismo y el colorido, poniéndole su impronta cotillonesca a muchísimos estadios del fútbol argentino. Con su perfil bajo, sus aerosoles y aerógrafos, Soria es el responsable de los telones (banderas gigantes) que al menos 22 equipos nacionales han esgrimido alguna vez como recibimiento a sus jugadores.
Según las fotos que he visto en su Cara de Libro, Vélez Sarsfield, Huracán, San Lorenzo, Boca Juniors, Tigre, Olimpo de Bahía Blanca, All Boys, Lanús, Morón, Independiente, Excursionistas, Colón de Santa Fé, Godoy Cruz de Mendoza, Estudiantes de la Plata, Belgrano de Córdoba, San Martín de Tucumán, Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Rosario Central, Los Andes, Racing, Argentinos Juniors, Nueva Chicago y hasta Ford (que en Argentina es como si fuera otro club de fútbol) lo han convocado para realizar banderas gigantes. Miles de manos alguna vez arrastraron la obra artística de Rodolfo Soria para regocijo del cuadro local y para envidia del público visitante.

Yo, desde mi humilde lugar de hincha, aplaudo la vuelta de tuerca que Soria encontró para hermanar dos pasiones casi antagónicas como lo son el arte y el fútbol. Y dejo también un par de fotos de su trabajo.

Tirante horizontal del Club Atlético Vélez Sarsfield

Telón del Club Atlético Lanús

Telón de Ford

Telón del Club Olimpo de Bahía Blanca

Telón del Club Atlético Excursionistas

viernes, 5 de febrero de 2010

Relato deportivo sobre el capricho del amor


Piensa la jugada. Amaga. Mira a los costados. Vuelve a amagar. Intenta no sentir la presión del público. Lo marcan desde atrás y desde la izquierda. Pasan dos segundos que parecen eternos. Hace un último amague antes de sacar el derechazo… Se detiene. No encuentra el pase. Hay murmullos sórdidos. Gira la cabeza. No sabe si va a lograrlo. Vuelve a meditar una opción de juego. Las voces y las bocinas lo distraen. Se concentra. Ahora sí. Levanta la mirada, como pidiendo al cielo que salga bien. Infla el pecho. Toma envión y patea.

- Eh…, disculpá. Te parece muy tarde para invitarte a tomar una birra?

Ante la propuesta sorpresiva del muchacho a bordo del colectivo, la chica del asiento de adelante sonríe.

- No puedo, estoy yendo a encontrarme con unos amigos. Será en otra vuelta- lo consoló desde el pasillo mientras tomaba el bolso y se disponía a tocar el timbre para bajar.

¡Pegó en el paaaaalo! Tremendo zapatazo de Marcelino Britapaj. Cuando faltaban sólo dos minutos para terminar el partido, el encuentro termina empatado en cero. ¡Qué jugador, señores! ¡Cuánta hombría! Aplaude el público local el esfuerzo del nueve.

jueves, 4 de febrero de 2010

Una de cowboys…

Hace poco vi Avatar. Mi subjetivísima opinión coloca al film como un ejemplo más entre tantos otros. Un guión conocido: El planeta tierra que ya está bastante alterado ambientalmente; un nuevo orbe virgen, repleto de recursos naturales; la ambición (científica por un lado y económica por el otro) de varios individuos que desean instalarse en el nuevo territorio; un antihéroe que al mejor estilo Danza con Lobos se pasa de bando y termina luchando con los aborígenes locales y que, obvio, se queda con la minita y al final, gracias a él, triunfa el Bien. Y acá me detengo.

Gracias a él. Porque los Na’Vi no necesitan de la tecnología ni de la organización social y económica de los invasores para ser felices. O al menos, esa es la moraleja superficial del film, la moralina berreta que proponen ciertas producciones hollywoodenses. Pero lo cierto es que, para Cameron y para los inversores cinematográficos el equilibrado mundo de los humanoides azules necesita de un marine arrepentido para sobrevivir al desastre que provocarán los hombres. Un militar estadounidense que logra convertirse en el líder táctico del clan aborigen y que los conduce a la victoria.

Este discurso (quizás con otros personajes, escenografías, tramas y vueltas de tuerca) viene planteándose prácticamente desde que se inventó el cine. Y tiene como objetivo convertirse en verosímil. Es necesario (más aún si la mega producción está destinada a un público joven, fácil, sediento de Best Sellers) que se entienda que son los Yankees los únicos capaces de cambiar las cosas y restaurar el Bien. Incluso cuando la trama de Avatar nos indique que los personajes principales están indignados por el obrar imperialista.

¿El punto a favor? La producción fotográfica del film. Una constante gama de colores ayahuasqueros, bien acorde al tópico selvático (ideal para verla bajo los efectos de algún firulo, en lo posible en pantalla 3D). También me gustó el concepto de pensar a los Na’Vi bien armónicos en relación a la naturaleza. La forma de conexión con otros seres y el respeto a la tierra y a todo lo que en ella crece. Bien.

martes, 26 de enero de 2010

"Flores" (de Pablo Pinocho Routín)

Al escuchar este disco por primera vez me dio la sensación de haberlo escuchado siempre. Y no precisamente por caer en los clichés viciosos de la murga. Pablo Routín está bastante lejos de eso y lo ha vuelto a demostrar con su nueva producción "Flores". Sucede simplemente que el disco te atrapa desde el principio, te invita a prestar atención a las letras y cuando te querés dar cuenta, se terminó. Un Cd para escuchar mil veces.

A lo largo del disco, se suceden distintos temas, cada uno con sus matices, sus arranques y sus nostalgias. Si bien la vedette del disco es la murga, entre los cuplés y la marcha camión se mezclan otros géneros rioplatenses, como la zamba, el candombe, el tango o la milonga.

Participan de esta obra: Edú Lombardo, Nicolás Mora, Gonzalo Durán, Carlos Quintana, Nicolás Ibarburu, Gerardo Alonso, Mateo Moreno, Andrés Ibarburu, Gustavo Etchenique, Camen Pi, Gustavo Montemurro, Hugo Fattoruso, Ronald Arismendi, Fernando Cabrera, Nicolás Arnicho, Freddy Bessio, Rubén Rada, Maia Castro, Urbano Moraes, Alberto Wolf y Christian Cary.

A mi humilde criterio, esta placa no tiene desperdicio. Es un trabajo muy prolijo, de mucha calidad y cuenta con la participación de invitados de lujo. No debe haber sido fácil producirlo. Así que si realmente les gustó el disco, cómprenlo.

TRACKS
01. Ofrenda
02. No hay más Cocoa
03. Reconquista 519
04. Conversaciones con mi padre
05. La gente
06. Ruido de camiones
07. Hechicera
08. Volver a un Cuplé
09. Hasta el cielo
10. Flores


Sobre el artista:
Pablo Routín es cantautor y, a esta altura, una figura emblemática del carnaval uruguayo. A lo largo de su carrera artística formó parte de las murgas "Falta y Resto", "La reina de la teja" y "A contramano". Durante más de 10 años integró el grupo estable de Jaime Roos y desde hace otros tantos trabaja junto a Rubén Rada. Además de su talento musical a "Pinocho" le sobra magia para dedicarse al teatro (participó de varias obras de directores uruguayos) y también incursionó en cine, radio y televisión.

NOTA: El link de descarga fue tomado del exelente Blog "Ao Passarinho", un sitio realmente comprometido a difundir buena música. Les recomiendo tomarse unos minutos para visitarlo y descubrir ese costado no tan masivo del arte musical.. Agradezco y felicito profundamente a Ramiro (Ao Passarinho) por su tremendo Blog.

jueves, 14 de enero de 2010

Un sobreviviente con destino de poeta

Fabio tenía 44 años y una urgencia loca por dejar descendencias en este mundo. Sentía que se le acababa el tiempo y Lorenza, con todos sus rulos, sus 39 pirulos y su altanería a cuestas, había decidido ya hace mucho no congraciarlo.
Cuando Italia toda atravesaba las vicisitudes de los años 30, la pareja vencida vivía en Cardeto, un pueblo rural cercano a las rúas de Calabria. La potencia mediterránea ganaba el Mundial de fútbol del año 34 y Benito Mussolini se consolidaba como mandatario, hincha explícito del totalitarismo fascista. Para un pueblo acostumbrado a hacer justicia por mano propia (apañada e impartida por la ‘ndrangheta, organización mafiosa calabresa) la resolución de conflictos a punta de machetes o revólveres no era nueva. Fue por eso que a nadie en el pueblo le sorprendió que Lorenza gatille pasionalmente seis veces sobre el cuerpo desconcertado de Fabio, al enterarse de su amorío secreto con Mariana, la más joven de las hijas del pescadero Manuel De Cicco.
Si en los pueblos chicos el infierno es grande, la noticia del presunto embarazo repentino de la muchacha -apenas tenía 17 años- infló las venas y arterias de Lorenza que, enterada del affaire, no tardó en calcular la regla de tres simple. Guiada por la furia enceguecida que tienen los animales cuando se descubren encerrados en una jaula, Lorenza saltó el cuerpo abatido de su marido que se desangraba despacio y fue en busca de Mariana. La muchacha sorteó el pequeño lote de olivos y después de trastabillar algunas veces desapareció entre las colinas. Si no hubiera escuchado los gritos de Lorenza y los seis estruendos secos del revólver vengador sin dudas habría corrido la misma suerte que Fabio.
Cardeto no es muy grande ahora y mucho menos lo era en ese entonces. La supervivencia de una joven soñadora en manos de una hembra frustrada, impotente y sin nada más que perder, no iba a ser fácil en ese pueblo olvidado entre las montañas del sur italiano. La única opción para Mariana era sumarse a la caravana de personas que huían de sus propios pecados y del incipiente fascismo. El destino, la tierra de las oportunidades. América.
El pescadero, un hombre rústico, viejo, católico y contribuyente riguroso a los intereses de la Famiglia Montalbano, contaba con el consejo y la protección de la Organización. En recompensa por tantos años de fidelidad para con la ‘ndrangheta, recibió dos pasajes para abordar el “Stella della Sotto” y partir rumbo a una nueva vida para su niña. Murió a los 18 días de haber zarpado, algo triste, curtido por el sol de tantos años de trabajo y mirando la panza de Mariana, que crecía precipitadamente.

Alfredo cuenta la historia con más dramaturgia de la necesaria. Pero no deja de ser cierta. Hoy Mariana no es más que una foto enmohecida que cuelga de una pared. A sus 75 años, el sobreviviente de aquella anécdota de mafia, traiciones y vendettas prefiere no levantarse de esa silla de mimbre, toda desgarrada, que lo sostiene sentado en su casita del barrio de Caballito. Pero no se queja.
Cuando terminó el secundario en el Colegio Nacional Mariano Moreno, Alfredo enfrentó a la vida. Fue lustrabotas, vendedor de aceite, empleado de comercio y albañil. También descubrió su amor por los colores verdolagas, esos que se estampan orgullosos en la casaca de Ferrocarril Oeste y por otra gran pasión que lo acompañó desde el día en que conoció a Baldomero Fernández Moreno, su profesor de castellano: la poesía.

Se dejó llevar por las influencias sonetistas de Bernardez, Themis Speroni y García Saraví y por la magia literaria de Debole, Ceseli y Borges. Se convirtió en un gran poeta y en forma paralela (porque el arte no le da de comer a muchos ni paga las cuentas de la casa) se recibió de médico. Más tarde volvió a la Europa de la que tanto hablaba su madre y estando en Francia conoció a Paul Leloire, René Char, André Bretón y Margarite Durá. El combo fue explosivo. De regreso en su Caballito natal publicó varios libros, llenándolos de sonetos que contienen las historias de aquellas mujeres que amó y también de otras que podría haber amado, de haber aguantado su corazón tanto dilema moral.
De su libro “De liturgias y anillos” (Vinciguerra, 2008) reproduzco el soneto Yudith, de la página 73.

Él escribe los libros que ella ama.

Ya no puede caerse
porque estrecha su mano.
Han llegado de abajo de los siglos
en horarios de trenes y palomas.

Ella se reverencia con su nombre,
con su raza pagada con su sangre
con su piel de holocausto.

Él luce un verde nuevo con atuendos de arcángel
y aquello que ignoraba de sí mismo.
Algo que desconoce todavía
pero que ella lo sabe.

Hablan de catecismos, de caricias,
se integran en el goce.
Se penetran de extraños desapegos,
de símbolos, de rostros.
Recorren solideos de todos los caminos.
Organizan un tour a las estrellas.

Él tiene labios ríspidos pero eficaces.
Ella es más que una boca apetecida
y le arranca palabras preciosas al silencio.

Son primeros amantes. Son del viento
y buscan radicarse en la esperanza.
Aprenden la sensualidad del pecado
y su espiral que no termina nunca.

Imposible seguirlos. Los bendice, los lleva
el azar de una cruz y un candelabro.
Estarán en los mapas de la luna
cuando el amor estalle sobre el tiempo.

NOTA: El soneto le pertenece al poeta argentino Alfredo De Cicco. La historia precedente (completamente ficticia), a quien suscribe.

miércoles, 13 de enero de 2010

Edvard Munch (1863–1944)


Este bigotudo que mira tan serio desde la imagen fue un pintor y grabador noruego que estudió en la Escuela Real de Dibujo de Oslo y perfiló enseguida para el rumbo del expresionismo.
Luego de un inicio naturalista desarrolló una pintura de intenciones simbolistas y dramáticamente fabulosas o irreales, invadida de un sentido trágico de la vida.
Sus obras referidas a la angustia (técnica con la cual inmortalizó su estilo) tuvieron una influencia notable en el expresionismo alemán de comienzos del siglo XX.
Durante el apogeo del nazismo, esta manga de asesinos del arte retiró los cuadros de Munch de los museos alemanes por considerarlos “arte degenerado”.

Su obra más conocida es El grito pintada en 1893 (Galería Nacional de Oslo), pero, Munch realizó con este tema y con el mismo nombre obras similares, como la litografía de 1895. Si no pongo la foto de esta obra, es porque es bastante conocida y podrán encontrarla en cualquier parte en internet.

Autoretrato


Óleo sobre lienzo 150,5 x 131 cm. Año 1919.

Esta obra me ha caido en simpatía gracias a la historia que lleva a cuestas. En 1919 Edvard Munch contrajo la gripe “española”, una de las pandemias más conocidas del siglo XX. Estando convaleciente, realizó un autorretrato que, si bien no figura entre sus obras más célebres, tiene una lograda expresión de dramatismo.
Los convido con la imagen, para que conozcan un poco más de la obra de este loco de mierda.

lunes, 11 de enero de 2010

Algunas consideraciones sobre la célebre y fructífera vida de Mustafá Agur Kapodistriou

Así como el pueblo uruguayo se disputa orgullosamente con sus vecinos rioplatenses el nacimiento en tierras charrúas del legendario cantante arrabalero, los tesalónicos que vivieron en Grecia en 1820 sostienen decididamente que el trovador popular más famoso que alguna vez haya cantado en las islas del Mar Egeo, nació en las costas que convergen en el golfo Estrimónico. Son los habitantes del actual pueblo de Kalamaria quienes disienten con los tesalónicos, adjudicándose su nacimiento y con él, toda su magia trovadora. Y no es para menos. Mustafá Agur Kapodistriou fue una leyenda que, de ser física y políticamente posible, los uruguayos también hubieran querido nacionalizar.

Según los registros orales, el mítico cantautor habría compuesto más de cuatro mil setecientos cantos persas, además de numerosos víktoros que aún hoy se escuchan en las fondas turcas, acompañados de flautas y tamboriles. Fue, además, el célebre gestor del paparkópolus -una especie de chacarera trunca con aires de minué- que fue furor en los bailes de feria de toda Asia Menor.

Kapodistriou –así lo indica la tradición oral- tenía una voz femenina celestial que provocaba, al menos, confusión. No se trataba de una técnica laríngea, tampoco de una marca de estilo. Por demás, el trovador no era considerado un afeminado ni gustaba de los deleites masculinos. Pero su vos era, sin dudas, de mujer. Lo confirman las versiones alimentadas de boca en boca por los marineros y comerciantes que pululaban por el Mar Mediterráneo, llevando a cuestas la historia del gigante de la lírica.

Su extraña condición vocal causa sensación incluso más allá de los límites marítimos afianzándose también en los pueblos del norte de África, principalmente en Túnez y Argelia. Su arte ha inspirado –según indican los continuos aportes de los orgullosos tesalónicos- a la posterior creación de la música rai, estandarte sonoro argelino cuyo universo tonal y rítmico aparece alrededor de 1890 en el oeste de aquel país, precisamente en la ciudad de Orán.

En 1870, tras difundir su arte en distintos sectores de la península balcánica, se instala en Sarajevo, capital política y cultural de la actual Bosnia y Herzegovina. Los conflictos territoriales de la época lo ubican como testigo ocular de varios enfrentamientos. Entre la vasta producción musical del artista se han encontrado sonetos cuyos versos imploraban la pacificación del conflicto. No obstante, ocho años más tarde el Imperio Austrohúngaro ocupa el país, exacerbando la disputa y tornando inminente la posibilidad de una guerra.

En esos tiempos tan animosos, cualquier intento de acercamiento cultural por parte de los artistas de la Europa oriental desemboca, como mínimo, en severas golpizas por parte de sus pares occidentales. Sobre todo, al referirse las piezas a cuestiones religiosas. Cabe aclarar que la distribución estadística de la religión de los habitantes de la antigua Yugoslavia comprende al 88% de los croatas como católicos romanos, al 90% de los bosnios como musulmanes y al 99% de los serbios como cristianos ortodoxos.

Según la escasa documentación existente, sólo la voz dulce y femenina del ya famoso Kapodistriou logra, por aquel entonces, calmar la furia y apaciguar las bataholas que brotaban en los Balcanes. Su arte exótico, distinto, hermanaba sin cuestionamientos de fe o fronteras políticas.

La historiadora Irene Morgendörfer, aporta algunos documentos valiosos que refuerzan esta teoría. Un daguerrotipo –algo estropeado por el paso del tiempo- retrata al célebre cantautor ejecutando un laúd pentacordio. A su diestra puede verse el cuerpo desfachatado de Gavrilo Princip, miembro del grupo nacionalista Joven Bosnia. En la imagen aparenta felicidad y sostiene en alto –a pesar del prohibicionismo islámico- una botella de mazeca, una especie de aguardiente local. Se abraza, en actitud densa y beoda, con el –por entonces- príncipe de Prusia, Wilheim II. A éste último también se lo ve sonriente, y en su forma de erguirse se advierte una clara postura danzarina. Una imagen vale más que mil palabras: Mustafá Agur Kapodistriou logra por un momento lo que varios años de conflictos no pudieron, es decir, hermanar a los líderes de tan diversos intereses políticos, económicos y culturales.

Gracias a su incipiente aporte artístico y a la curiosidad que genera su vos femenina, Kapodistriou realiza innumerables viajes por toda Europa deleitando a los pueblos, independientemente de su condición política o religiosa. Lo hace junto a un grupo de comerciantes musulmanes quienes, en soberbias jaulas de acero pasean, junto al cantautor, a dos osos prietos de la China Imperial, a un elefante africano que realiza proezas con una cuba y una esfera anaranjada, y a tres enanos turcos, especialistas en malabares con sables y en danzas otomanas.

Mayor consagración histórica debió haber tenido, quizás, Mustafá Agur Kapodistriou. A pesar de su aporte cultural, absolutamente nadie salvo los tesalónicos, los kalamarios y –tal vez- los uruguayos, llora el anonimato en el cual murió el célebre trovador. En una práctica de rutina previa a la función que el circo ambulante daría en Schleswig-Holstein, al sur del imperio Prusiano, uno de los enanos turcos comete un error de cálculo. Un sable corvo con destino incierto aterriza, caprichoso, en el abdomen de Mustafá. La herida es grave y este artista, quizás uno de los mejores que haya acuñado el imperio Otomano, muere en el acto. Tenía sólo 93 años.

Para VS

lunes, 21 de diciembre de 2009

El regreso irremediable de Tarandhur


Oxidada y algo mellada. De tonos pardos, marrones y ocres. Gastada por el paso del tiempo, la cota de malla que alguna vez lució Namadjén, el Prudente en los desfiles primaverales de Kamastén, descansa para siempre en alguna de las bóvedas del clan Rikjoudie.
¿Qué probabilidades tendría de volver a blandirse mágica y destellante? Pocas. Ninguneada por los descendientes de aquella casta de guerreros, la armadura de antaño hoy no es más que un montón de cuentas de acero desparramadas en un cuarto penumbroso, seco y olvidado. No existe, y sin embargo allí está. Y allí permanecerá cientos de años más hasta que, algún día, los habitantes modernos de aquellos valles de la mesopotamia asiática, decidan vender el lote mortuorio a las empresas de construcción. Y entonces, mientras despojen de su historia a las arcas familiares, verán la armadura. Investigarán su procedencia, querrán averiguar sobre los acontecimientos épicos, de los que sin duda fue testigo. Regresarán en el tiempo y finalmente sabrán de las matanzas, de las injusticias, de las batallas estúpidas y de las necesarias. Verán la armadura en cada imagen desgarradora de Namajdén, el belicoso antepasado. La imaginarán manchada de sangre, de traición, de lodo, de culpa. La detestarán. Se avergonzarán –no mucho- del destierro de aquel guerrero y de su posterior venganza contra los monjes Blandhur. Creerán que está maldita, y tal vez tengan razón.
Quizás, luego de papeleos y carambolas del destino, termine iluminada tenuemente en la repisa aburrida algún museo histórico. ¿Pero por cuánto tiempo? Tarandhur, tal como se conoce a la armadura de los guerreros Rikjoudie, está destinada a reaparecer y, así, a revolver la historia.

Al menos curioso


Siempre resulté campesino en la ciudad, visitante esquivo en la mole gris; excusas imperfectamente válidas para perderme, pasarme y repreguntar lo que ya sospechaba antes, cada vez que me largo a caminar por las calles de Buenos Aires. Esta específica vez de marzo andaba yo por Scalabrini Ortiz, casi llegando a la esquina de Córdoba, cuando se me ocurrió preguntarle a un muchacho acerca de la calle Estado de Israel. Amablemente me informó que tenía que hacer una más hasta Lerme y después bajar cuatro. Seguí sus instrucciones con exagerada fidelidad y como me pareció que (me saco el sombrero señor, me saco el sombrero ante la torta de ricota de Gino) ya habían pasado las 4 cuadras y la avenida del sionista estado no aparecía, decidí volver a interrogar a alguien. Crucé una calle y vi a una chica en la puerta de un edificio. Me acerqué cortésmente y le pregunté. Me miró con ojos de no saber y resultó ser que no sabía, pero sin embargo, tocó timbre en uno de los departamentos para averiguarme. Como no le respondieron, al toque sacó el celular y empezó a llamar.
Personalmente me pareció algo desmedido el gesto, pero acepté gustoso la camaradería de la muchacha. Habló con alguien resumiéndole brevemente mi inquietud y enseguidita alzó la vista hacia mi y extendiéndome el teléfono dijo: “Tomá, hablá vos que es el que te indicó recién”. Atendí el aparato y una voz apenas familiar me hizo saber que era el mismo al que le había preguntado hacía cinco minutos, repitiéndome instrucciones similares a las anteriores. Yo quedé tan incrédulo, tan pasmado, tan deliciosamente sorprendido sobre las probabilidades de mi guía cósmico que, por seguir preguntándonos (a él por teléfono, a mi mismo mientras caminaba) “¿Posta sos vos loco?”, me pasé una cuadra y tuve que retomar al trote para agarrar estado de Israel y contarle a todo el Mundo lo curiosa que es la casualidad.

Esta narrativa pertenece a la antología mágica y naranja de Julio Giglio, ferviente escritor oriundo del barrio de Villa Ballester . Contacto: vulne@hotmail.com.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Grandes crónicas pasajeras

Sin proponérselo, más bien haciendo uso de su espontaneidad discursiva, el Capitán Álvaro Evaristo Sacacorcho ha vuelto a escupir sus ideas en la vieja Olivetti de su padre, regalándole al mundo otra de sus grandes crónicas pasajeras.

Mi bife de chorizo aún humeaba cuando tuve que partir de urgencia hacia el Limbo de los Perdidos, lugar que abrazó infinitos misterios a partir de la década del ‘60. A lo largo de la historia, las aguas del Atlántico han sido testigo de extraños sucesos. Existe un mito, un relato que ha dejado de ser puro entretenimiento para turistas curiosos y ha pasado a ser considerado por científicos y hombres de poder como un enigma serio y sin respuesta.

El triángulo del diablo
En aquellos tiempos de lucha por los derechos civiles y las políticas de inclusión de los ciudadanos afro americanos, tuve la oportunidad de intercambiar unos ricos mates y un sinnúmero de opiniones con el mismísimo Martin Luther King. Recuerdo que fue en febrero de 1967, unos años después que el reverendo obtenga el Premio Novel de la Paz. Luego de un amargo bien cebado me dispuse a contarle al líder pacifista la historia del Triángulo del Diablo. Ya en el año 1951 la sociedad estaba conmocionada por una serie de sucesos ocurridos en Centroamérica. Numerosos barcos y aviones se averiaban y luego se hundían al adentrarse en una zona misteriosa, un extraño triángulo conformado por los vértices de las islas Puerto Rico, Bermudas y Cayo Hueso (península de La Florida). Los documentos registrados hasta el momento denunciaban a más de mil personas, junto a otras cien naves y aeronaves, desaparecidas en aquellas aguas tan paradisíacas como siniestras.
King me escuchaba atento, y además se mostraba fascinado por mi técnica a la hora de cebar mate. Le gustaba eso del folclore rioplatense, de los gauchos matreros, las partidas de truco, el termo siempre bajo el brazo y esa debilidad maestra que todos tenemos por el balompié. Tan simpática le resultó mi visita al orador que no tardó en invitarme a proseguir con nuestra charla off the record y dejar de lado las formalidades absurdas. Enseguida me saqué las chancletas y me dispuse a continuar con mi relato.
- Yo no se qué onda señor King, pero deberíamos ir a echar un vistazo -, le dije ansioso.
A lo que el líder me respondió: - Para mi, más que misterios inexplicables, acá hay tongo del gobierno yankee. -
Sus palabras fueron contundentes. Volví a mi casa y me puse a trabajar en el caso. El reverendo hizo lo propio. Un año más tarde volví a visitarlo y enseguida resolvimos hacer un viaje hacia el tan cuestionado y misterioso lugar.

No sé muy bien que pasó después. Yo, Álvaro Evaristo Sacacorcho, soy un hombre que lee poco los diarios y casi no mira televisión. Nunca comprendí la causa por la que luchaba King, ni mucho menos entendía los trasfondos políticos que esta lucha denostaba. Lo noté preocupado por la guerra en Vietnam, por la violencia en el mundo y porque su vecina Norah debía ceder el asiento en el colectivo, a pesar de sus 73 años y su problema de esclerosis, y sólo por ser una anciana de descendencia africana. Sea como fuere, al día siguiente mi compañero de investigación apareció muerto de un balazo en Memphis, Tennesse.
Yo no quise adentrarme más en el asunto, y me dispuse a continuar solo con la investigación.

Ya son ocho las expediciones que realicé al Triángulo de las Bermudas desde el día de aquel trágico episodio. Recavé información de los lugareños y los eventuales turistas, y hasta el día de hoy no había obtenido buenos resultados. Pero seis días atrás recibí por la mañana un llamado urgente de uno de mis informantes con datos claves sobre el asunto.
Llegué a La Florida cuando el sol ya casi no regalaba su magia y me embarqué en un pequeño pero confortable lanchón, dispuesto a navegar, una vez más, las misteriosas aguas atlánticas. Durante cuatro días recorrí atento cada metro cuadrado. Estaba mojado, rabioso, frustrado y, para colmo, la reserva de tabaco para pipa comenzaba a escasear. De pronto vislumbré a lo lejos una especie de embarcación pequeña. Me acerqué lo más que pude y pronto advertí que se trataba de una boya, o algo parecido. Cuando estuve a pocos metros del objeto flotante supe con claridad que se trataba de un inodoro sujeto a una plataforma de madera. Sí. Un simple, común y corriente retrete blanco, como el que tiene Ud. en su hogar.
Enseguida recordé el suculento sándwich de bondiola que ingerí aquel mediodía en la costanera, momentos antes de tomar el vuelo hacia Miami. Fue entonces cuando dentro de mi estómago se libró la batalla más impresionante que alguien haya visto jamás entre gases y jugos gástricos. Fue extraño. Mis deseos más fervientes por echarme el más épico de los garcos se condensaban en la quijotesca figura de un inodoro que flotaba unos metros más adelante. Mi cuerpo sudaba, se retorcía por dentro y ya no pensaba en otra cosa que en purgar mis pecados gastronómicos en aquel oasis de cerámica.

Luego de aquel episodio abandoné mi investigación. Pronto olvidé los misterios que me habían conducido hasta aquellas aguas. También olvidé las personas, las embarcaciones y los aviones misteriosamente desaparecidos. Olvidé, además, mis memorables charlas con el reverendo M. L. King. Pero les puedo asegurar, querido lectores, que del soberano cago que yo, Álvaro Evaristo Sacacorcho, me eché en aquel inodoro flotante en algún punto disperso del Limbo de los Perdidos, no me olvidaré jamás.